jueves, 25 de agosto de 2016

MI NOVELA POR FASCÍCULOS - Capítulo 5

¡¡Holiiita!! Hoy Capitulo 5 de Mi novela por fascículos. Espero que sigais enganchados al inicio de la historia de Ari, Hugo, Carlos, Manu, Bibi y Lara. Así que ahí vamos!



El tibio aire de Agosto me golpea en la cara en cuanto salimos al exterior. En la calle se escucha mucho bullicio pero conforme avanzamos en la noche se va disipando y dando lugar a un leve murmullo en la lejanía. Soy consciente de que estoy sollozando como una loca en los brazos de un completo extraño que me estará llevando, vete tú a saber dónde, pero en ese momento no me importa lo más mínimo. Después de mi estúpida borrachera y de todo lo que he vivido en ese jodido local sólo quiero que alguien me aleje lo máximo posible de allí para que pueda llorar en paz. Y si ese alguien en este momento es este chico, que así sea.


Después de unos minutos caminando, Hugo se para. Y con la mayor delicadeza posible me obliga levantar la cara de su pecho. A pesar de que con las lágrimas rodando por mis mejillas no soy capaz de ver con claridad, en su rostro se intuye una mezcla de emociones desconcertante. Tristeza, furia, lástima…

Aparto mis ojos de él y echo una rápida visual a la zona. El lugar en el que estamos es como una especie de barrio residencial completamente desierto y muy mal iluminado. A ambos lados de la calle puedo divisar elevados edificios de viviendas y pequeños chalets con verjas bajas y jardín. El sitio parece bonito aunque un poco deprimente bajo esa tenue luz.

-¿Te encuentras bien? – pregunta Hugo preocupado sacándome de mi trance y examinándome con la mayor preocupación del mundo.

Asiento con la cabeza porque soy incapaz de articular palabra. Noto como el efecto del alcohol se va esfumando pero mi cerebro aun no es capaz de pensar con claridad. Miro al suelo y empiezo a sollozar otra vez

-Toma bebe agua, te sentirás mejor – dice mientras me levanta la barbilla con su mano suave y atrapa una de las lágrimas que corre por mi cara.

No sé de donde ha sacado el agua ni tampoco porque se está comportando de ese modo conmigo sin apenas conocerme de nada, pero asiento y cojo la botella que me ofrece. Bebo un par de tragos y se la entrego de nuevo. Vuelvo a fijar la vista en mis zapatos y sollozo en silencio. No puedo parar. De verdad que me gustaría hacerlo, pero no puedo. En el fondo no quiero que Alex me vea vulnerable y débil pero entre el alcohol en mi organismo y toda la mierda de esta noche no puedo dejar de llorar. Pego la barbilla a mi pecho y trato de ocultar mi llanto todo lo que puedo.

Entonces Hugo, vuelve a levantar mi rostro, hasta que mis ojos llorosos se encuentran con la calidez de los suyos y dice:

-No te escondas de mi Ari. Por favor

Sé que tengo que hablar, sé que tengo que decir algo aunque sólo sea un pequeño agradecimiento por haberme quitado de encima a aquel baboso, pero mi cerebro y mi boca deben de haberse desconectado el uno del otro y no responden. Así que me sorprendo a mí misma avanzando hacia el desconocido que tengo enfrente y abrazándolo con todas mis fuerzas.

Hugo me envuelve con sus fuertes brazos y me aprieta contra su pecho al tiempo que deja reposar su barbilla sobre mi cabeza. A pesar de que nos acabamos de conocer su abrazo me resulta tan familiar que da hasta miedo. Como si, sin darme cuenta llevase toda mi vida esperando a encajar de esa forma tan natural con alguien. O como si en otra vida ya hubiésemos vivido este momento.

No tengo ni idea del tiempo que pasamos en esa postura. Solo sé que ha sido mucho menos del que me habría gustado. Como si pudiese pasarme la vida entera abrazándole de esa forma. Pero en cuanto empiezo a recomponerme un poco, decido que es hora de poner a funcionar mi cabeza de nuevo. Temblorosa me aparto de él y me enjugo las lágrimas como puedo. Recobro la compostura y me digno a hablar por primera vez desde hace (calculo) unos treinta minutos.

-Gra…gracias por todo – es todo lo que acierto a decir

-Ari, por favor, no me des las gracias. Ese tío es un mierda que debería agradecerte que no le haya hecho una cara nueva. – dice, y noto como la ira vuelve a teñir su cara mientras aprieta los puños a sus costados.

-No habría servido de nada, sólo te habrías metido en problemas – respondo, mientras sorbo atronadoramente por la nariz en un gesto muy impropio de una señorita. A pesar de todo parece que poco a poco voy recobrando a mi cerebro y a mi boca de donde coño se hubiesen metido hace media hora.

-¿Y eso que más da? Sólo de pensar en como te ha tocado…

-Por favor …. – digo, devolviendo mi vista al suelo y tratando de olvidar todo lo sucedido con el asqueroso borracho.

-Lo siento, Ari. Es sólo que me hubiese encantado partirle la puta cara.

Levanto la vista hacia su rostro y puedo comprobar que lo dice totalmente enserio. El cabreo le tiñe la cara y su respiración se agita pensando en todo lo que ha pasado. Por algún motivo que todavía no alcanzo a comprender, ese chico moreno de ojos verdes, está revolviéndose por dentro porque cree que no ha hecho todo lo que debería para defenderme. Casi como atraída por una fuerza invisible recorro la poca distancia que nos separa y coloco mis manos en su fuerte pecho. En cuanto lo hago su respiración parece recobrar la normalidad y nuestras miradas se encuentran. La sensación de familiaridad vuelve e inunda cada parte de mi ser. Por un segundo me sorprendo a mí misma deseando que me bese y borre de nuestro organismo todo lo sucedido en la última hora. Él parece leer mis pensamientos y poco a poco se inclina sobre mí al tiempo que ladea de forma estudiada la cabeza. Cuando ya casi puedo notar su aliento en mi boca una sonora musiquita empieza a sonar en el bolsillo de sus vaqueros.

Hugo tarda unos segundo en reaccionar, pero cuando es consciente de que el dichoso teléfono no dejará de sonar a menos que haga algo para que deje de hacerlo, se aparta de mi con recelo y sacándolo del bolsillo, responde bruscamente:

-¿Qué coño quieres Carlos? Sí está aquí…

Él me mira un instante y me da la espalda enfrascado en su conversación. Yo me doy la vuelta y empiezo a caminar de forma lenta y distraída, alejándome de él. Miro al suelo y empiezo a darle patadas a una pequeña piedra para distraer mi mente agotada y ligeramente resacosa ya. Entonces me doy cuenta de que estoy helada y caigo en la cuenta de que hemos salido tan atropelladamente del pub que me he dejado allí todas mis cosas, incluido el bolso. Giro sobre mi misma y me dirijo de nuevo hacia Hugo, que sigue con el teléfono en la oreja y que parece estar discutiendo con su interlocutor. En cuanto me ve acercarme levanta una mano, como diciéndome que le dé un minuto para que termine la llamada. Pero como sé que Carlos está al otro lado, aprovecho la oportunidad.

-¿Puedes decirle que recupere mis cosas? Me las he dejado en el bar - Hugo asiente.

-Que sí. Ya sé lo que tengo que hacer. Y oye, traed sus cosas – separa el teléfono de la oreja y cuelga.

-¿Va a venir aquí? – pregunto

-Sí, Bibi y Lara estaban preocupadas por ti, hace como una hora que no te ven.

Asiento. La verdad es que con todo el follón que he vivido y la poca claridad con la que puedo pensar gracias a mi creciente resaca, apenas me había acordado de ellas. Conociéndolas, Lara se habrá vuelto loca buscándome mientras Bibi le sacaba hierro al asunto, apuntando que seguramente me habría fugado con Hugo. “Si es que las conozco como si las hubiese parido” pienso mientras empiezo a pasear de nuevo y recupero mi jueguecito con la dichosa piedra.

Tengo los brazos helados. La que debería ser una suave brisa de verano que acariciase mi piel, yo la noto como una de esas ventiscas que atraviesan cada parte de tu cuerpo dejándolo todo congelado a su paso. Me abrazo a mí misma y trato de controlar el castañeteo de mis dientes mientras froto mi piel suavemente tratando de entrar en calor.

Sin darme cuenta algo calentito y pesado cae encima de mí, aliviando mi tiritante cuerpo.

-Así mejor – me dice Hugo sonriéndome amablemente. Le devuelvo la sonrisa y me envuelvo bien en su chaqueta de cuero desgatado, seguramente a causa de la infinidad de veces que se la habrá puesto.

Estoy a punto de murmurar un tímido gracias, cuando oigo pasos detrás de mí. Me giro y veo que mis dos mejores amigas se acercan a nosotros seguidas de Carlos y Manu.

En cuanto llegan hasta nosotros Bibi se acerca portando mi chaqueta. Me mira fijamente a los ojos y me sonríe de forma amable. Esa sonrisa siempre me recuerda a la una mamá gallina protegiendo a sus polluelos. Así que deduzco que alguien le habrá contado lo sucedido esta noche.

-¿Estás bien cielo? – dice mientras sigue escrutándome concienzudamente.

La miro a los ojos y asiento lentamente mientras trato de que entienda que no me apetece hablar del tema. Ella parece darse por enterada y me da un leve abrazo antes de dirigirse a hablar con los demás. Me vuelvo hacia ellos y me quito la chaqueta de Hugo para luego ponerme la mía, me acerco a él tímidamente y se la devuelvo.

-Gracias – logro decirle mientras me atraviesa con su penetrante mirada de ojos verdes.

-De nada – musita indiferente. Su repentino cambio de actitud me trastoca por completo. No es que lo conozca demasiado, pero en el poco tiempo que hemos compartido a solas habría jurado que podía ser de todo menos una persona arisca y borde.

Sus ojos se apartan de los míos como si le quemaran y de repente me siento decepcionada por como su forma de tratarme ha cambiado repentinamente. A pesar de todo lo que ha pasado me gustaría volver al momento en el que me abrazaba para calmar mi llanto y su mano me reconfortaba acariciando mi espalda.

Intento distraer mi mente de todos los pensamientos que atormentan mi resacoso cerebro, y saco mi móvil del bolso. Pulso la tecla de desbloqueo y veo que el panel de notificaciones esta hasta arriba de mensajes y llamadas perdidas. Cuatro de ellas son Lara y Bibi y la otra es de mi hermano. Cuando reacciono veo que son las cinco de la mañana y caigo en que seguramente Marcos querrá irse a casa ya. Y dado que no le he contestado a la primera llamada sé que me va a caer una monumental en cuanto le llame.

Elijo su nombre y me acerco el teléfono a la oreja mientras me separo un poco del grupo para poder hablar con mayor tranquilidad. Al segundo tono mi hermano contesta al otro lado de forma seca y poco amable.

-¿Dónde coño estas? – me gruñe

“Esa es una buena pregunta” pienso mientras vuelvo a repasar con la mirada la zona tratando de encontrar una respuesta decente, ya que ni yo misma sé dónde estoy. Después de unos segundos sin encontrar que decir, me encojo de hombros como si mi hermano pudiese verme y me mantengo en silencio. Afortunadamente el parece entender que o bien no quiero decirle donde estoy o bien voy demasiado pedo como para contestar. Asique dice:

-Dentro de una hora te quiero en el coche. Nos vamos ya

En cuanto abro la boca para responder un mísero vale, Marcos termina la llamada y yo me quedo mirando la pantalla de mi móvil, incapaz de procesar nada. Cuando la pantalla se vuelve totalmente negra, reacciono y me dirijo hacia el grupo.

-Yo me voy – digo evitando mirar siquiera a mi salvador de esa noche que ahora se ha convertido en poco más que un completo desconocido para mí.

“Siempre ha sido un completo desconocido para ti” me espeta mi subconsciente. Lo mando a freír espárragos con una peineta mental y me vuelvo para dirigirme a mis amigas.

-Hablamos mañana

-¿Pero te vas sola? – me pregunta Bibi mirando más a Hugo que a mi. El parece no darse cuenta, y yo intento con todas mis fuerzas que no me importe que me ignore.

-Sí, el coche de mi hermano creo que está cerca de aquí – digo poco convencida a la vez que giro sobre mi misma tratando de adivinar por donde se sale de esta dichosa urbanización.

La verdad es que estoy bastante desorientada y no tengo ni idea de que dirección tomar para llegar a mi destino, pero no pienso admitirlo delante de ninguno de ellos, bastante patética he estado esta noche como para sumar más bochornos a mi cuenta.

Me despido de mis amigas con un leve abrazo y con adiós colectivo para el resto del grupo, y me dirijo hacia donde me lleven mis pies, rezando porque mi subconsciente se acuerde del camino mejor que yo y me lleve hacia donde tengo que ir.

A medida que vago por las calles mal iluminadas de la urbanización, empiezo a desesperarme, todas me parecen iguales, ni siquiera sé si me estoy acercando al coche de mi hermano o me estoy alejando de el a cada paso.

-¿Cómo coño se sale de aquí? – digo en voz alta mientras la desesperación va dejando paso a la ira.

-Deberías haberme pedido que te acompañase – dice una voz conocida a mis espaldas haciendo que de un respingo al tiempo que unas ondas invisibles de electricidad estática recorren cada parte de mi cuerpo.

Me giro y veo a Hugo tranquilamente apoyado en una farola con las piernas cruzadas y las manos en los bolsillos. Su rostro denota diversión, cosa que a mi no hace sino que enfurecerme más. Desde que el resto del grupo se reunió con nosotros ha decidido ignorarme como si no fuese más que otra pieza del mobiliario urbano ¿y aun así pretendía que yo le hubiese pedido que me acompañase? Está como una cabra.

-No necesito que nadie me acompañe – digo con el tono más neutro que soy capaz dándole la espalda.

-Ya – dice casi riéndose - ¿Por qué no me pides de una vez que vaya contigo?

¿Pero este tío se ha vuelto majara? Vale que me haya salvado del acosador, vale que me haya consolado durante mi llorera, vale incluso que haya estado a punto de besarme, pero para mí nada de eso compensa la bipolaridad que me ha demostrado en cuanto hemos dejado de estar a solas. Y además no pienso inflar el ego de machito salvador a ese desconocido por segunda vez durante esta noche.

-Mejor ¿por qué no me suplicas tú a mí que te deje acompañarme? - respondo con el mayor tono de firmeza que soy capaz de poner.

En cuanto una sonora carcajada escapa de sus labios casi me dan ganas de correr hacia él y abofetear su preciosa cara. Mi cuerpo bulle de ira y solo quiero patear su bonito trasero hasta quedarme sin aliento. Pero como ya he tenido bastantes mierdas esta noche, decido que lo mejor es que eche a andar y le deje ahí plantado con su sonrisa de brabucón y sus ojos de prepotencia. En cuanto he avanzado unos metros una mano fuerte me agarra del brazo y hace que me detenga y me dé la vuelta. Sus ojos de color verde me están mirando con amabilidad y su mano libre reposa en mi cintura.

-Deja de ser tan cabezota rubia – dice casi en un susurro sin apartar su mirada de la mía. Bajo su contacto noto como cada parte de mi piel se electriza por dentro, y en ese momento me descubro a mí misma observando su carnosa boca y deseando para mis adentros sentirla sobre la mía.

¿Qué me pasa con este chico? Me gusta, eso lo tengo claro desde hace bastante rato, y la verdad es que con lo guapo que es, lo raro es que no les guste a todas y cada una de las chicas de este universo. Pero ¿es solo eso? ¿Atracción pura y dura? Entonces porque cada vez que me toca desearía que no dejase de hacerlo nunca más. A penas lo conozco, y la verdad es que los latigazos de su personalidad que he sufrido hace solo unos minutos, han desconcertado por completo mi percepción de lo que anteriormente me había parecido un caballero andante de brillante armadura, pero aun así hay una parte de mí que no quiere alejarse de él.

-¿Y bien? ¿Vas a dejar de ser tan testaruda y a pedirme que te acompañe? – dice suavemente sacándome de mis cavilaciones mientras me mete un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja.

Su mano sigue reposando sobre mi cintura y sus ojos posados en los míos. Intento no perderme en esa hipnotizante mirada, aunque no lo consigo. Me tiene completamente fascinada y lo peor es que no tengo ni idea de si a él le pasará algo que se parezca lo más mínimo a lo que me pasa a mí.

-¿Puedes ayudarme a salir de este maldito sitio, por favor? -digo sin apartar la mirada.

-Estaría encantado rubia

Su tono es agradable y cálido. Su mano se vuelve más firme en mi cadera mientras me dirige hacia la derecha y emprendemos el camino en silencio. Estoy segura de que no le he dicho dónde está el coche de mi hermano pero el parece saber perfectamente hacia donde debe llevarme. Después de unos minutos caminando, sin que se rompa el contacto entre nosotros, el ruido de la gente de fiesta empieza a ser más alto y me doy cuenta de que casi hemos llegado a la zona de bares. El camino hasta allí se me ha hecho demasiado corto para mi gusto, pero sé que no puedo esperar más para irme o Marcos se cabreará mucho. En cuanto nos encontramos a escasos metros de La Caverna me paró y me giro para mirarle.

-Desde aquí puedo llegar sola al coche de mi hermano

-¿Estás segura? Puedo acompañarte hasta allí si quieres – noto el anhelo en su voz, pero soy consciente de que es mejor para mí y para todos que nos despidamos en este punto y que cada uno coja su camino. Estoy segura de que el solo trata de ser amable con una chica a la que ha visto débil e indefensa, y no hay nada más desagradable que qué una persona que te gusta te trate así sólo por pena. Me trago el nudo que tengo en la garganta y respondo lo más serena que soy capaz.

-Sí, tranquilo. Ya has hecho bastante por mí esta noche. Te lo agradezco, pero puedo ir sola.

Sus ojos se tiñen de…¿rabia, tristeza…? La verdad es que no sabría decirlo, pero como si mirarlo fuese acabar con la poca determinación que había en las palabras que acabo de decirle, aparto la mirada y la dirijo a mis incómodos zapatos.

Hugo inspira con dificultad y se mete las manos en los bolsillos.

-Debería haber hecho mucho más esta noche, Ari. Ojalá la situación fuese distinta.

Lo dice como en un susurro y su voz se tiñe de deseos no cumplidos, aunque no soy capaz de adivinar que deseos pueden ser esos. De hecho no tengo ni idea de a que se refiere con que la situación fuese distinta. Pero es mejor no preguntar. La ambigua personalidad de Hugo es algo que acabará sacándome de quicio, hasta el punto de perturbar mi ya de por si, dispersa mente. Así que prefiero irme a mi casa y evitar pensar (todo lo que me sea posible) en lo sucedido esta noche. Estoy exhausta, en todos los sentidos.

-Adiós, Hugo – digo mientras me giro y empiezo a caminar hacia el coche de Marcos.

Conforme me alejo de él, una fuerte presión se instala en mi pecho. A cada paso que doy en la dirección opuesta a ese chico, al que hace unas horas ni siquiera conocía, a mis pulmones le cuesta el doble procesar el aire que entra en ellos. No sé qué me pasa, y mucho menos sé lo que siento. Pero algo en mí ha cambiado, algo que me dice que después de esta noche nada volverá a ser lo mismo.

Espero que os haya gustado y tengais ganas de más!! Dejadme vuestros impresiones en los comentarios.

Besos Libro Adictos;)