jueves, 21 de julio de 2016

MI NOVELA POR FASCÍCULOS - Capítulo 2


¡Hola gente! Hoy vengo con el segundo capítulo de la novela que estoy tratando de escribir. Podéis encontrar el primero aquí. Me siento muy, muy agradecida porque habéis sido muchos los que me habéis pedido que lo suba y que me habéis animado a que siga con el proyecto. De corazón, MIL GRACIAS.
En fin, aquí os dejo este segundo capítulo, que espero os guste tanto o más que el primero.




A medida que avanzamos por el camino siento que me falta el aire y que se me van a quedar los pies pegados a la puñetera acera. El calor es horroroso y solo deseo llegar de una vez a la dichosa piscina y tumbarme. Este calor me agota sobre manera. Me agota tanto que apenas soy capaz de responder con monosílabos durante la conversación que mantenemos Lara y yo durante el trayecto. Bueno más bien durante la conversación que mantiene ella conmigo. En algún momento de esa charla sé que ha mencionado algo de unos chicos y a Bibi, pero la verdad es que creo que mi cerebro se ha derretido y no soy capaz de mantener la concentración en nada más que en no caerme desplomada por deshidratación.



Después de quince minutos por fin llegamos al recinto de la piscina y lo primero que hago es pasarme por el quiosco y coger una botella gigante de agua helada, de la cual no queda más que la mitad cuando encontramos un sitio donde colocarnos. Al final lo hacemos justo al lado de unos chicos más pequeños que nosotras a los que creo reconocer del instituto. Cuando estiramos nuestras toallas y empezamos a desvestirnos para quedarnos en bikini, empiezo a notar como los ojos de los dos tíos nos están dando un repaso de arriba abajo de esos que hacen que a pesar de estar de espaldas te sientas incómoda. Incluso creo que uno de ellos suelta un obsceno silbido mientras me agacho a recoger mis pantalones cortos después de quitármelos. A pesar de que lo que más me apetece en este momento es sacarles el dedo y decirles que se vayan a paseo o a comerse la merienda, hago caso omiso de sus asquerosas miradas y me acuesto boca arriba en mi suave toalla gigante.

Nos pasamos así un buen rato. La verdad es que no tengo ni idea de cuánto tiempo es. Pero, de



repente, llega  un punto en el que mi termómetro fisiológico no aguanta más el asfixiante calor. Así que me levanto de un salto y le propongo a Lara que vayamos a darnos un baño.

Cuando llegamos al pie de la piscina casi tengo que entornar los ojos para distinguir si lo que estoy viendo es una piscina o una jodida olla de lentejas. Por más que me esfuerzo en fijarme, el espacio libre dentro del agua es mínimo y además eso me hace pensar que muy probablemente el agua esté tan caliente, que la sensación de meterme sólo empeore mi sofoco. Así que después de sopesar un rato nuestras opciones decidimos usar las duchas que hay al lado de la piscina para refrescarnos todo lo que nos es permitido. Ya que solo dos minutos después de que me meta debajo del agua, ya se ha formado una cola de tres personas justo detrás de mí. Me obligo a salir de la refrescante sensación del agua fría y ambas nos dirigimos de nuevo a nuestras toallas.



Cuando nos acercamos a ellas, los dos chicos de antes vuelven sus ojos hacia nosotras mirándonos de forma totalmente indecente y cuchicheando entre ellos. ¡Están empezando a tocarme mucho las narices! Y eso no es bueno. Pero cuando estoy a punto de girarme y decirles cuatro cosas o ir y abofetearles por salidos…

-¿Y si le sacáis una foto? Os duraría más – suelta una masculina y sugerente voz a mis espaldas.

Giro sobre mi misma buscando de donde procede la voz y me encuentro con un atractivo chico de pelo castaño, que me mira con una pícara sonrisa en la cara. Así a simple vista podría decir que apenas será unos años mayor que yo, aunque su cara no me suena de nada. Lleva el pelo bastante largo y peinado hacia atrás. Pero lo que más llama la atención de él son sus ojos. Tiene los ojos más verdes y espectaculares que he visto en mi vida. Creo que hasta los mismísimos montes Gallegos se morirían de envida ante ese sugerente y extraño color. Está recostado apoyando los codos en su toalla y ahora es él el que repasa mi cuerpo con sus hipnotizantes ojos.  Lo sé, suena a incoherencia, pero no es algo que me esté molestando demasiado. Como no sé qué hacer y empiezo a parecer de lo más rara, aquí plantada, de pie mirando a la nada, decido hacer caso omiso de su intervención y hacer lo mismo que lleva haciendo Lara todo este rato: tomar el sol sin enterarse absolutamente de nada.

Me siento en la toalla y alcanzo mi mochila de dónde saco el iPod. Mientras me acuesto y me coloco los cascos, mis ojos se posan de nuevo en el misterioso chico que ahora está enfrascado en una animada conversación con uno de sus colegas. Meneo la cabeza y aparto mi vista de él. ¿Qué coño me pasa? Me acomodo en la toalla, enciendo el reproductor y enseguida empieza a sonar Extremoduro. Cierro los ojos y trato de poner la mente lo más en blanco que puedo. Misión imposible, sólo puedo pensar en verde. ¡Mira, como en los anuncios de Heinneken! Aunque dudo que en mi caso, se deba a la cerveza.

Sigo en mi trance teñido de verde, cuando un manotazo de Lara me obliga a abrir los ojos y quitarme los cascos

-Bibi está llegando. Necesito ir al baño, ¿pero puedes fijarte en la puerta y avisarla de donde estamos cuando la veas entrar? – me pregunta

-Si, claro – le sonrío y me incorporo sentándome con las piernas cruzadas en dirección a la puerta. Apago el iPod y bebo otro trago del agua que a estas alturas está tan caliente como debe de estar la de la piscina. Dos segundos después y de forma totalmente involuntaria (lo juro) mis ojos se dirigen en el sentido contrario al que deberían estar mirando buscándole entre la gente. Y a pesar de que no sé porqué, siento una punzada de decepción al comprobar que el chico misterioso de sonrisa pícara ya no está en su sitio y tampoco su toalla.

Cavilando en mis cosas y en porque me siento así, dirijo de nuevo mi mirada hacia la puerta justo en el momento en el que una preciosa cabellera rubia platino entra por ella. Me levanto un poco sobre mis rodillas y extiendo el brazo hacia arriba para hacerme ver por encima del bullicio de gente que hay por todo el césped. No necesito hacer nada más, Bibi me localiza al instante y se dirige resuelta hacia mi.

Mientras lo hace no puedo evitar pensar que está guapísima, como siempre. Es un poco más alta que yo, tiene unos ojos color miel extremadamente bonitos y es la persona más rubia que jamás he conocido. ¡Y natural eh! Por otro lado su forma de ser es envolvente y fascinante. Siempre está de broma y es una cachonda por naturaleza. Recuerdo que cuando Lara me la presentó, unos años después de que se mudará, me sentí un poco celosa. Ambas vivían en la misma calle y pasaban casi todo el tiempo juntas (como yo había hecho en otra época) con lo que tuve la sensación de que me estaban reemplazando. Pero cuando me di una oportunidad para conocerla, supe que me caía bien al instante. Siempre sonriendo y de broma y siempre pendiente para ayudar y colaborar en todo lo que puedas necesitar. Después de un par de años quedando las tres, nos hicimos tan inseparables que nuestros amigos nos llamaban “Las Tres Mellizas”, nosotras preferíamos “Las Mellis”.

-¡Ojazos! – dice al tiempo que se arrodilla frente a mí y me da uno de esos achuchones que siempre me hacen sentir mejor – ¡Te he echado tanto, tanto de menos!

- Y yo a ti, cabeza loca –respondo mientras nos separamos.

-¿Y Lara?

-En el baño, ha dicho que volvía enseguida

Cinco minutos después Lara está recibiendo su dosis de abrazos, cortesía de Bibi. Tras estirar su toalla en medio de nosotras, se acuesta y empieza a contarnos todas las aventuras habidas y por haber que le han pasado en Canarias. “Ni que Canarias fuese Hawai” pienso, aunque no la interrumpo, ella es así de apasionada.

Tras un largo rato de charlas y cotilleos. Nos quedamos un momento calladas y pensativas, con los ojos cerrados y recibiendo los últimos rayos de sol de aquel día tan caluroso. La temperatura ahora es bastante agradable y por primera vez en toda la tarde consigo dejar la mente en blanco, hasta que…

-¿¿Qué hora es?? – pregunto nerviosa y alborotada. La verdad es que la pregunta no va dirigida a nadie en concreto, más bien es un clamo al cielo para que alguien responda que todavía no son las ocho.

Bibi palpa la toalla y tantea hasta que alcanza el móvil y lo mira.

-Las ocho y media – contesta tan pancha

-¿¿Qué?? Mierda, mierda, mierda… - murmuro entre dientes mientras me pongo en pie de un brinco y empiezo a vestirme y meter mis cosas apresuradamente en la mochila.

La tarde se ha pasado en un suspiro, sobre todo desde que Bibi a llegado, y como no salga pitando y llegue a casa antes de las nueve la cara de malas pulgas de mi madre va a ser digna de inmortalizar. Es más, si no consigo llegar a tiempo es muy probable que mis planes de salir con mis amigas esta noche se vayan al traste. Y no sé por qué,

pero algo me dice, que esta noche puede marcar mi vida.

Son las nueve menos dos minutos de la noche, y corro por las calles de la ciudad como hace muchos años que no lo hago, esquivando a la gente que a esas horas camina aletargada por las aceras, observando escaparates y paseando con la familia.

Miro mi reloj, son casi las nueve. Acelero la carrera, ya casi estoy, sólo me queda doblar la esquina y ya podré ver al final de la calle mi pequeña casa de dos plantas. Solo espero, por mi bien, y los de mis planes nocturnos que el coche de mi hermano aún no esté allí. Hoy viene a cenar y como no llegue antes que él a casa…

Doy la vuelta a la esquina, y casi me llevo por delante a un señor regordete que trastabilla cuando choco con su hombro y refunfuña cuando me disculpo mientras sigo corriendo. Al tiempo que me acerco voy sacando las llaves del bolsillo exterior de la mochila. Hago el último sprin y me planto delante de la puerta.”Mierda. Me cago en Marcos y su puntualidad Suíza”. Me paro un segundo, recobro el aliento e introduzco la llave en la cerradura rezando porque no me lleve la segunda bronca del día por mi impuntualidad. Giro la llave, empujo la puerta y entro.


Espero de verdad que os haya gustado. ya tengo escrito el 3 y a medida que voy escribiendo más los capítulos también me van gustando más y me van pareciendo mejores. Dejadme vuestros comentarios con vuestras impresiones.

Besos Libro Adictos;)