martes, 22 de noviembre de 2016

LITERAUTAS: Reto de Noviembre

¡Hola gente! Hoy vengo con una nueva sección muy especial. Hace un tiempo mi buena amiga Sansa de Al Cerrar un Libro (a la que os recomiendo que sigáis ya, si todavía no lo hacéis) me descubrió una página estupenda, dónde, los proyectos de escritoras como yo podemos practicar nuestras habilidades.
La página en cuestión se llama Literautas y funciona del siguiente modo: cada mes se propone una escena sobre la que se debe escribir un relato de no más de 750 palabras. Luego estos relatos son revisados y publicados en la propia página de Literautas donde el resto de participantes y otra gente puede comentarlos y darte su punto de vista a cerca de ellos.

Así que, como no podía ser menos me he unido. Aunque confieso que al principio me mostré un poco reacia con el tema, porque a mi lo de que acoten las palabras me da un poco de rabia, porque me enrollo, y me enrollo, y me enrollo...y creía que me iba a pasar a la primera de cambio del límite. Sin embargo decidí intentarlo (¿que tenía que perder?), y lo cierto es que ha ido mucho mejor de lo que esperaba.

¿Y porqué os cuento todo este rollo? Pues porque he decidido publicar esos relatos también en el blog. Principalmente porque, en la página del taller de escritura, la gente que comenta suelen ser escritores en proceso y me he dado cuenta de que quizás sus opiniones estén un poco condicionadas por sus gustos o manías a la hora de escribir. Así que quería saber también vuestras opiniones como lectores (más que como escritores). ¿Me he explicado? Bien, pues ¡vamos allá!



El reto de Noviembre consistía en un relato que empezase con la frase: "Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte". Y este es mi relato.

SOMOS NUESTRO INTERIOR


Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte... Y eso es lo que pensé cuando vi a la nueva novia de Pablo entrar en aquella cafetería de Brookling colgada de su brazo. «Joder, que difícil va a ser esto» No sé muy bien en que momento me pareció una buena idea, decirle a mi ex que podíamos quedar un día y vernos, como amigos. Y tampoco sé que se cruzó por su mente para preguntarme si me apetecía conocer a su nueva pareja. ¿Qué coño iba a decirle? ¿No, mira es que no me apetece en absoluto saber quién es a la que te follas en la que era nuestra cama? No, claro que no. Solo se me ocurrió decirle que estaría encantada de hacerlo. ¿Se puede ser más estúpida?

Pues sí, se puede. Porque creo que con la cara que se me ha quedado al verles entrar he alcanzado niveles de estupidez con los que nunca hubiera contado. Pero es que es clavadita a mí. Morena, pelo largo y ondulado, ojos grandes y almendrados y unas facciones suaves y dulces que le dan cierto aspecto de muñequita inocente que me crispa un poco.  Joder, si hasta creo que medimos lo mismo y tenemos la misma talla de sujetador. Lo único en lo que no nos parecemos es en la forma de vestir. Ella tan elegante con su falda de tubo, su camisa blanca y sus tacones, y yo tan...tan yo. Vaqueros, camiseta de Nirvana y converse más viejas que el catarro.

—Hola Ali, que alegría verte. Mira te presento a Clara, mi pareja. Clara, esta es Ali una amiga — «Una amiga que se follaba hasta hace 8 meses» pienso con retintín.

Me acerco a ella y le doy dos besos mientras intercambiamos un educado “encantada”. Casi suspiro aliviada cuando descubro que al menos no huele como yo. Sería perturbador en exceso que así fuera.
Nos sentamos a la mesa y un abrumador e incómodo silencio se instala entre los tres. «Esto ha sido una mala idea» me recuerda mi subconsciente. Así que decido romper el hielo con la intención de acabar con esto lo antes posible.

—Bueno Clara ¿y a que te dedicas?

—Pues soy modelo de fotografía. Trabajo con alguna de las firmas más importantes del país. — Y en cuanto empieza a hablar, algo dentro de mi empieza a irritarse. A irritarse mucho y muy rápido. Igual que el monstruo de las galletas de Barrio Sésamo cuando se quedaba sin su adorado alimento. «Genial, tengo un muñeco con gula viviendo en mi estómago». — ¿Y tu a que de dedicas Ali?

—Pues soy fotógrafa independiente.

—Ala, ¿que casualidad no? Pero ¿fotografa de esas que van a bodas y bautizos? — y lo dice con un tonito que me dan ganas de estamparle la cabeza contra la mesa. Como si desempeñar ese trabajo fuese la mierda más grande conocida por el hombre. Tengo que contar hasta diez para no responderle con mi habitual e innata bordería.

—No, de las que sacan sus propias fotos a lo que le da la gana y luego, si tienen suerte, las exponen. Aunque no creo que inmortalizar bautizos y bodas fuese un mal trabajo ni nada de lo que avergonzarse


Mode borde: activado. No puedo evitarlo, es superior a mí. Odio con todas mis fuerzas a la gente que mira a los demás por encima del hombro. Y me da igual el motivo por el que lo hagan. Porque nunca va a existir nada que lo justifique. ¿Qué coño me importan a mí su ropa de marca y su trabajo pijo? Una persona no se mide por su indumentaria ni su nivel de ingresos. Y mucho menos por el glamour o no glamour de su jodido trabajo. La gente se mide por lo que es. No por su estatus social o laboral.

¿Que os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¡Contadme vuestras opiniones en los comentarios!

Muchisimos besos Libro Adictos;)